Opinión

febrero 6, 2011 in Home by editor

Dustin Corea nació en Los Ángeles, Estados Unidos. Vivió allí hasta los cuatro años, edad en la que su familia decidió mudarse aún más al norte, al estado de Oregón. “Si me hubiera quedado en Los Ángeles hoy no sería futbolista, seguramente sería pandillero o estuviera muerto. Tenía amigos en las pandillas a los que les dispararon o apuñalaron”, contó Dustin alguna vez, cuando todavía no era tan famoso.
Dustin es ciudadado estadounidense. American citizen, como dicen en las películas. Pero tiene sangre salvadoreña, ya que su padre, Gilberto, es salvadoreño y jugó para el Mar y Plata, en la Segunda División. El muchacho tiene condiciones. No es casualidad que haya sido detectado por la Federación de Estados Unidos y que haya vestido la camisa de las barras y las estrellas en varias ocasiones, inclusive en un Premundial Sub 17 jugado en Tijuana.
La mayoría de estas cosas, pero por sobre todo la última, era de público conocimiento. Al llegar al país –pagándose el boleto de su propio bolsillo-, tanto el jugador como todos los medios de comunicación hicieron mención a ese pasado de Dustin en la selección estadounidense. Todos sabían… Menos los que tenían que saber: los de la Federación.
El resto es historia conocida. Dustin anotó goles en los dos partidos ante Costa Rica, El Salvador se clasifica al Premundial, llega un mensaje de la Uncaf preguntando si se había hecho el trámite correspondiente para el cambio de nacionalidad… Silencio. Abogados. Más silencio. Y dos meses después la noticia previsible: la Sub 20 descalificada por alinear mal a un jugador. La inoperancia de la Fesfut alcanza su punto más alto.
Pero lo más grave del caso es que ahora, dos meses después, la Fesfut hace un mea culpa y despedirá –como se rumora- al secretario César Saldaña y al coordinador de selecciones Óscar Benítez. No sé si es justo, sobre todo en el caso de Benítez, cuya función pasa más por lo deportivo que por lo administrativo. Pero me parece poco. Son los chivos expiatorios. Lo que sucedió es “el escándalo del año” y al parecer ningún federativo saldrá dañado de esta situación. Es como si un grupo comando entra a robar un banco y se pretenda responsabilizar únicamente al policía que estaba parado en la puerta y se olvidan del jefe de seguridad, del que diseñó los sistema de alarmas y tantos otros. Aquí se fueron dos policías, pero el resto sigue allí…
El otro problema, aún más grave, es que como siempre se obra sobre las consecuencias, no sobre los hechos. Desde hace dos meses que se sabe que cometieron un error en el Caso Dustin Corea, ¿por qué esperaron hasta ahora para despedirlos? Lo dicho: el error no se mide por el error mismo sino por sus consecuencias. Lo mismo pasa en el fútbol: un defensor puede cometer cinco errores, pero mientras no terminen en gol serán olvidados al instante. Sólo se recordará aquella equivocación que conlleva una grave consecuencia. ¿Recuerdan la jugada desafortunada de Marvin González contra México en el Azteca? Claro, ¿cómo olvidarla si finalizó en gol?
Con lo de Dustin pasó igual. Si desde hace dos meses se sabe que tienen un secretario incompetente, por qué no quitarlo inmediatamente en vez de esperar al fallo de la Concacaf. Porque cualquier otro error que haya cometido en diciembre, enero y parte de febrero ya será responsabilidad absoluta de la Fesfut y el Cesen, ya no de Saldaña. Pero no. Es como que el error no es error hasta que no exista una consecuencia. Si la protesta tica no hubiera prosperado, Saldaña –con error y todo- aún seguiría en la Fesfut.
También se me ocurre un pensamiento más cínico. La Fesfut sabía que una ola de ira envolvería a la gente después de semejante decepción y preparó el escenario. La afición quería sangre, quería ver rodar cabezas y aquí están. Toda la culpa del Caso Dustin Corea la tuvieron dos empleados. ¿Y los federativos? Libres de culpa y cargo. Hummm…

(También publicada en el blog de la Radio 102.9)