Opinión
julio 18, 2010 in Opinión by editor
Perdónenme si me tomé mi tiempo para hacer mi análisis del Mundial, pero no quería escribir con el hígado. Por eso dejé pasar una semana antes de retomar mi columna y poder hacerlo en frío, despegado de todo sentimiento. No sé si sirvió de algo esperar, porque la conclusión es la misma que tuve el domingo. Este Mundial fue un engaño, una farsa… Reconozco que yo, Efraín Andujar, celebré la victoria de España, por supuesto, hasta me quedé sin voz por unas horas.
No puede considerarse serio un Mundial donde los máximos protagonistas fueron un pulpo alemán y una prostituta paraguaya. Y vaya si lo fueron, se habló y se escribió más de ellos que de Robert Vittek, para mí la gran figura del Mundial. El pelón que jugaba para Eslovaquia hizo un gol por partido. Lástima que tuvo la desgracia de nacer en ese país, porque si jugaba para otra selección gana la bota de oro.
En fin, Qué viva España! Pero no nos confundamos. Si España es el abanderado del buen juego, como dicen algunos, qué queda para el resto. Sólo hizo ocho goles y fue el campeón con menos goles en toda la historia de los Mundiales. Es para devolver la Copa… Y en realidad fueron siete, porque el que hizo David Villa a Portugal fue un claro fuera de juego.
Igual, entiendo que en España festejen, es su primer título mundial y había mucha expectativa. ¿Pero qué festejaron en Holanda? ¿Haber perdido por tercera vez una final? Evidentemente no son muy exigentes en ese país, donde Nigel de Jong podría haberles dado una medalla olímpica en jugo y dejar su lugar en la selección para alguien más sensible y habilidoso.
¿Y los alemanes? ¿No es que eran una trituradora humana? Este tercer puesto es mejor que el tercero en 2006, donde tenían todo para ganar y no lo hicieron. Igual hay que reconocer que este grupo de polacos, ghaneses, nigerianos, turcos, brasileños y un puñado de alemanes no lo hizo mal. La Federación Alemana ya trabaja en la nacionalización de dos paraguayos, un húngaro, un jamaicano y dos coreanos para que el grupo sea aún más heterogéneo.
Tampoco entendí la celebración de los uruguayos. ¿El cuarto puesto? Un engaño. Otro engaño. Jugó contra tres europeos y no le ganó a ninguno –de hecho lleva 40 años sin ganarle en los Mundiales-, sus victorias fueron a dos equipos africanos, un asiático y a los inútiles de México. No jugaron con ningún equipo en serio. Forlán hizo un buen Mundial, pero este Uruguay tuvo mucha suerte.
También fue patético lo de Argentina. Los recibieron como héroes después de ser goleados por Alemania. El único que se salva es Maradona, claro. ¿Cómo se explica eso? Sí, decían que era el peor entrenador del mundo y su equipo fue quinto. Todo lo contrario de Messi, que decían que era el mejor e hizo menos goles que Gabriel Heinze. Un fraude.
Peor aún fue lo de Brasil, con un Kaká endemoniado –fue expulsado y se peleaba con todos- y un Felipe Melo como estandarte de Dunga. No se sabe si Kaká fue exorcizado a tiempo, o seguiremos viendo esta nueva versión de niño malo en el Madrid.
El séptimo fue Paraguay, país que se hizo conocido no por su selección sino por la prostituta que los apoyaba. Perdón, me dicen que Larissa Riquelme es modelo y no prostituta, pero no sé cómo se borra lo anterior en esta computadora, así que sabrán disculpar… ¿Cómo puede estar entre los ocho mejores un equipo que de cinco partidos los últimos tres no convirtió goles? Fraude. Todo es un fraude.
El octavo fue Ghana, que también festejaron. ¿Qué celebraron? ¿Su incapacidad para poder ejecutar penales? ¿O su incapacidad para estudiar al rival? ¿Acaso en Ghana nadie TV o una computadora para saber que Abreu siempre tira los penales así? Por favor…
Y estos son los primeros ocho. Imagínese al resto… Estados Unidos celebrando por haber perdido con Ghana y sus jugadores tomando una cerveza con Clinton… En este planeta está lleno de conformistas. Cada vez me convenzo más de que este Mundial fue patético. Nos hicieron creer que Rooney, Cristiano y el Niño Torres serían una máquina de hacer goles, que Di María y David Silva serían una revelaciones, que Capello por fin haría una Inglaterra competitiva. Pero nada. Todos los que aparecieron en los anuncios de los calzados deportivos o las bebidas gaseosas fueron un desastre. Que se dediquen a la publicidad…
Otras conclusiones. Que en Corea del Norte permitan ver fútbol en TV, así aprenden algo… que a los hondureños les enseñen a definir, así para el próximo Mundial al menos pueden anotar un gol… que a los daneses y griegos les hagan un transplante de corazón, porque se los quitaron antes de llegar a Sudáfrica… que los africanos aprendan a obedecer al entrenador sin que esto se considere una vuelta al esclavismo… Y ni hablar del último campeón y subcampeón del Mundial anterior, Italia y Francia, que hicieron dos papelones impresionantes.
Si a todo eso le sumamos la pésima actuación arbitral, que con sus torpezas definieron partidos al mejor estilo de los grandes delanteros, la verdad es que este Mundial fue un engaño. Y la confirmación de esto son las palabras de Blatter, del que siempre pienso lo opuesto. Él dice que fue magnífico y yo que fue lamentable.












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