
Esta vez envío mi columna desde Santa Cruz de Tenerife, España. No sé si me van a odiar más por lo que escribiré sobre la Selecta o por la envidia que puede generar mis vacaciones en este impresionante lugar, rodeado de mujeres, playas y algunos tragos exóticos en pleno carnaval. Además de todo eso, aquí hay Internet, lo cual me permitió ver el juego de El Salvador y Estados Unidos en mi flamante laptop Lenovo. Vi el juego por Justin TV y quedé muy cabreado con la Selecta, pero más aún cuando al día siguiente escuché algunos programas de radio y leí algunos análisis en los periódicos.
En general, la conclusión de la mayoría fue que una vez más dos errores nos costaron el partido. Lo peor es que muy similar fue la reflexión de algunos jugadores. Yo no lo podía creer… Pensar así es de mediocres. De miopes. Quien piense así no entiende nada de fútbol. Porque si no se es capaz de reconocer la abrumadora superioridad del rival –y aquí no importa si jugaron con el equipo A, B o C- difícilmente se puedan sacar conclusiones útiles y se repetirán los errores.
Decir que se perdió por dos errores defensivos es un análisis simplista. Es negar la realidad, es engañarse a sí mismo. Además, no escuché decir a nadie que el gol de El Salvador llegó por un grosero error de un defensor gringo.
Sí es cierto que El Salvador perdió por sus errores, lo que es mentira que fueron dos. Dos fueron los goles. Los errores fueron 25, 35 o más.
Analicemos en serio. Error fue cada pelota que perdió Osael Romero, error fue cada mal pase de Ramón Sánchez, error fue la soledad de Rudis Corrales, errores fueron la infinidad de veces que Manuel Salazar fue desbordado, errores fueron las salidas a destiempo de Alex Escobar, error fue la impotencia de Deris Umanzor para detener a su marcador… y errores fueron los de Marvin González…
Pero sólo le piden la crucifixión a Marvin porque sus errores terminaron el gol. Si no, nada habría pasado. El resto de los errores no terminaron en gol simplemente porque Miguel Montes tuvo una noche espectacular, nada más que por eso. Si Montes hubiese atajado el cabezazo de Ching en vez de unos de los remates de Gaven, la víctima habría sido Salazar o Escobar.
Pero basta ya de hablar de que se perdió por dos errores. No fue así. No se puede justificar eso cuando un equipo hace 17 remates al marco y el otro solo dos. Aún así, la Selecta estuvo a punto de volver con el 1-1. No sólo hubiese sido injusto sino que también hubiera desatado una euforia totalmente injustificable y peligrosa.
No tengo mucho que reprocharle a José Luis Rugamas. Hizo lo que pudo y estuvo a un minuto del empate. Yo no le reclamo el que hecho de que no haya efectuado los cambios antes, en realidad en la banca no tenía demasiado y había algunos como el hermano de Arturo Álvarez que apenas tenía una práctica con el plantel. Sí me sorprendió lo fácil que perdieron la lucha del mediocampo, sobre todo porque era un sector donde la Selecta tenía mayoría numérica debido a que salió con un solo delantero.
Lo que no me sorprendió es la condición física de nuestros muchachos. Los últimos treinta minutos se arrastraban por la cancha y no eran capaces de ganar una pelota dividida. Mientras los clubes no trabajen en serio, todo será muy difícil.
Lo único rescatable es que Miguel Montes cada vez ataja mejor y nos salvó de la goleada. Yo vi el juego con unos amigos españoles en mi laptop. Uno de ellos es Tito Adúriz, sobrino del tesorero del Tenerife, quien me dijo que de inmediato se lo recomendaría a su tío que lo fiche para el club el año próximo, cuando de seguro bajen a Segunda. ¿Quién dice que en el futuro no tendremos buenas noticias?
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